Cómo practicar la oración centrante

Un método de oración contemplativa enraizado en la tradición mística cristiana

Todas las tradicionesIntermedio20 min

La oración centrante es un método de oración contemplativa y silenciosa desarrollado por tres monjes trapenses: Thomas Keating, William Meninger y Basil Pennington en la década de 1970. Se basa en el clásico espiritual del siglo XIV "La Nube del No Saber" y en la tradición contemplativa cristiana que se remonta a los Padres y Madres del Desierto.

La práctica es sencilla en concepto pero exigente en la ejecución. Eliges una palabra sagrada (como "Jesús", "Dios", "misericordia", "paz" o "amor"), te sientas en silencio durante 20 minutos y regresas suavemente a la palabra sagrada cada vez que notas que te has enganchado con algún pensamiento. El objetivo no es vaciar la mente sino consentir a la presencia y acción de Dios en tu interior.

La oración centrante no es lo mismo que la meditación oriental. Está enraizada en la comprensión cristiana de que Dios habita en nosotros y de que podemos profundizar nuestra relación con Él al ir más allá de las palabras y los pensamientos hacia una receptividad silenciosa. Complementa las formas activas de oración en lugar de reemplazarlas.

Thomas Keating recomendaba comprometerse con la práctica durante al menos tres meses antes de evaluarla. Los frutos de la oración centrante suelen ser sutiles: mayor paz interior, menor reactividad ante el estrés, una conciencia más profunda de Dios a lo largo del día y una creciente capacidad de compasión.

Instrucciones paso a paso

1

Elige una palabra sagrada

Selecciona una palabra de una o dos sílabas que simbolice tu intención de consentir a la presencia y acción de Dios en tu interior. Palabras sagradas comunes incluyen: Dios, Jesús, Abba, Amor, Misericordia, Paz, Confianza, Escucha o Espíritu. La palabra no es un mantra que se repite continuamente; es un símbolo de tu intención al que regresas suavemente cuando notas que tu mente ha divagado. Elige la palabra al principio y no la cambies durante el período de oración.

2

Entra en el silencio

Siéntate cómodamente en una silla con la espalda recta y los ojos cerrados. Toma algunas respiraciones profundas para relajar tu cuerpo. Introduce silenciosamente la palabra sagrada como un símbolo suave de tu consentimiento a la presencia de Dios. Suelta todas las expectativas sobre lo que va a suceder. El objetivo no es lograr una experiencia particular sino estar disponible para Dios.

3

Regresa suavemente a la palabra sagrada

Los pensamientos vendrán. Esto es completamente normal y esperado. Puedes pensar en tu lista de pendientes, una conversación, una preocupación, un recuerdo o incluso profundas ideas espirituales. Cuando te des cuenta de que estás enganchado con un pensamiento, regresa suavemente a la palabra sagrada. No luches contra los pensamientos ni te frustres contigo mismo. El acto de regresar suavemente es la oración. Thomas Keating describió cuatro principios: No resistir ningún pensamiento, no retener ningún pensamiento, no reaccionar a ningún pensamiento, regresar siempre con suavidad a la palabra sagrada. Puede que necesites regresar a la palabra sagrada cientos de veces en una sola sesión. Eso está bien.

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